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El sensor que más coches deja tirados

De todos los sensores del motor, este es probablemente el que más veces deja a alguien parado en el arcén sin previo aviso. El sensor de cigüeñal informa a la centralita en qué posición exacta está girando el cigüeñal en cada instante, un dato imprescindible para calcular el momento correcto de inyección de combustible y de salto de chispa en cada cilindro. Sin esa referencia, la centralita no tiene forma de mantener el motor funcionando de forma coordinada, y el resultado es que el coche se cala.

Un fallo que a veces avisa y a veces no

Lo particular de esta avería es que puede presentarse de dos formas muy distintas. A veces es progresiva: el motor empieza a fallar de forma intermitente, con algún tirón puntual o dificultad ocasional para arrancar, antes de llegar al fallo total. Otras veces es súbita: el sensor deja de dar señal de golpe y el motor se para en marcha, sin ningún aviso previo, lo que suele ser bastante más alarmante para quien lo sufre al volante.

Cuando el fallo es intermitente, no siempre deja un código de avería claro. La centralita puede recuperar la señal antes de terminar de registrar el fallo como definitivo, y entonces el coche llega al taller con la sensación de que “algo pasa” pero sin ninguna luz de aviso que lo confirme. Ahí es donde entra el osciloscopio: en lugar de esperar a que aparezca un código, observamos directamente la forma de onda de la señal del sensor con el motor en marcha, lo que permite detectar una señal débil o irregular incluso cuando el fallo aún no ha llegado a ser constante.

Cuando sí hay código

Cuando el fallo es más consistente, la centralita registra códigos en el rango P0335 a P0339, cada uno apuntando a una variante del mismo problema: señal ausente, señal errática o señal fuera de rango esperado. En ese caso el diagnóstico es más directo.

La sustitución, y lo que suele acompañarla

Cambiamos el sensor por piezas de marcas de referencia como Bosch o Beru, evitando alternativas genéricas en un componente donde la fiabilidad importa más que el ahorro de unos euros. Aprovechamos también para revisar el estado del conector y del cableado cercano: en zonas del motor expuestas a humedad, la corrosión en esos puntos puede dar síntomas idénticos a los de un sensor defectuoso, y sustituir el sensor sin revisar esto puede dejar el problema sin resolver del todo.

Tras el cambio, hacemos pruebas de arranque en distintas condiciones, en frío y con el motor ya caliente, porque algunos fallos de este sensor se manifiestan de forma más marcada según la temperatura, y solo así confirmamos que el problema ha quedado resuelto de verdad y no simplemente enmascarado.