Guía completa
Tres tipos de daño, tres soluciones distintas
No todos los golpes en una llanta se arreglan igual, y el precio depende sobre todo de cuál de estos tres tipos es el que tienes:
- Raspón superficial, típico de rozar un bordillo al aparcar. Es el daño más leve: la capa de pintura o el acabado diamantado se ha llevado un roce, pero la estructura del aro está intacta.
- Deformación, por un bache tomado con demasiada velocidad o un golpe fuerte. El aro pierde su forma perfectamente circular, aunque a veces no se aprecie a simple vista.
- Picadura o grieta, más habitual en llantas de aluminio con años de sal de carretera encima, o tras un golpe puntual que ha llegado a fisurar el metal.
El raspón se pule, la deformación se endereza
Un raspón se resuelve lijando la zona dañada, aplicando masilla específica para llanta si hace falta y repintando o volviendo a diamantar según el acabado original. Es la reparación más rápida y económica de las tres.
Una deformación es otra historia: no se corrige a golpes de martillo, sino en una máquina de enderezado específica que aplica presión controlada en el punto exacto donde el aro se ha ovalado. La señal que más lleva a esta reparación es una vibración en el volante que sube con la velocidad y que no se va equilibrando la rueda, porque el problema no es de peso sino de forma.
Cuándo compensa soldar y cuándo no
Una picadura profunda o una grieta se repara con soldadura de argón, una técnica que permite trabajar el aluminio sin comprometer su resistencia si se hace bien. Pero hay un límite: si la grieta afecta a una zona estructural del aro, especialmente cerca del asiento del neumático, la reparación deja de ser recomendable por seguridad y lo honesto es decir que toca sustituir la llanta.
El diamantado, un acabado que no se pinta sin más
Muchas llantas de serie llevan un acabado diamantado: parte de la superficie se corta a torno dejando el aluminio pulido y brillante, combinado con zonas pintadas alrededor. Cuando ese acabado se pica o se raya, pintar encima sin más deja un resultado visiblemente distinto al original. Para igualarlo de verdad hace falta volver a pasar la llanta por un torno CNC que repita el corte exacto de fábrica, y por eso el diamantado cuesta algo más que un pintado normal: entre 100 y 180 € por llanta.
El equilibrado no es opcional
Después de cualquier reparación, sea un pulido, un enderezado o un diamantado, la llanta se monta de nuevo con su neumático y se equilibra en máquina. Incluso una intervención pequeña puede alterar ligeramente la distribución de peso original, y entregar una llanta reparada sin volver a equilibrarla es dejar a medias un trabajo que puede notarse como vibración en cuanto se coge velocidad.